Al ser primavera, las plantas sueltan el algodoncillo ese que tanto nos gusta, ¿no? Desde la ventana vemos como pasan un huevo de ellos… y claro, el paisaje con ellos flotando… ¡es que parece magia, joder! Estás en clase con las ventanas abiertas y poco a poco van entrando y se posan sobre la gente… Lo digo en serio, ¡soy yo, o en mi clase nos hace falta muy poco para descojonarnos!
Un día me acuerdo que entró una pelusa pero gorda gorda, más gorda que un condón lleno de agua, a toda leche… y es que iba directo hacia un compañero… ¿y qué se nos ocurre? ¡Fernando, gírateeeee! Cuando se gira… ¡placaaaa! Casi lo tira de la silla y todo… el pelusón se transformó milagrosamente en 5 pelusillas flotantes… así que imaginaos.
Ah, me olvidaba… había un compañero que parecía tener un aeropuerto en su cabeza… viniesen de donde viniesen, siempre iban a por él. Vamos, que hoy lo dejamos ahí en esa silla y mañana tenemos que llamar a un pastor para que lo esquile. A partir de hoy ha pasado a llamarse “el Pelusa”.
Bueno… se que os lo habréis preguntado alguna vez, pero no poseo conocimientos suficientes para responder a esta pregunta… ¿cómo coño se mantienen flotando, si deben pesar por lo menos 2 kg? Increíble…
¿Y si patentara un producto anti-pelusa? Desde luego tendría muchos beneficios, a parte de ganar calderilla... imaginaos: te ahorrarías el dinero que el pastor cobra por barba, ¡y encima tendríamos menos competencia en el selectivo! Sí señor, todo un chollo... ahora mismo voy a preparar la fórmula.
¡Hasta luego, GRACIAS!
