¡Hola! ¿Qué tal estáis? ¿Bien? Pues yo, sinceramente, echo motas de polvo… ahora mismo soy una especie de 11811 recién salido de la ducha… y es que empalmar, en el buen sentido de la palabra, dos días seguidos no debe ser bueno. Pero decidme: ¿Quién no se ha tirado toda la noche de san Juan por ahí con los amigos? A ver, que levanten la mano… ¿sólo vosotros? Seréis perránganos…
Bueno, en el fondo lo comprendo… he hecho un balance de lo bueno y malo y gana lo malo. Por ejemplo, todos habéis oído hablar de la tradición de que hay que saltar 7 olas a las 12 de la noche y después pedir un deseo, ¿verdad? Pues en vez de olas lo que salté fueron más bien pelotones de algas, y mi deseo no fue otro que el bañador no se separara de mi cuerpo… ¡pedazo olas! Más tarde, cuando sales de la playa y buscas tus cosas no encuentras nada más que guiris y más guiris por todas partes. Al final, te toca ir medio en pelotas por la calle hacia el apartamento donde posiblemente estén los demás amigos, no sin antes soplar varias veces en la prueba de la alcoholemia de la guardia civil. Te presentas en el patio del complejo y claro, no tienes llaves, pero tampoco hay nadie que te abra… total, que como no saltes la verja duermes en el felpudo de bienvenida… y eso es lo que yo hice: saltar. Menos mal que el cemento estaba blandito que si no…
Cuando te encuentras con los amigos, estos están ya en la mesa para cenar… menos mal que llegué a tiempo. Creí que la pesadilla ya había terminado, pero nada de eso. Cometí un pequeño error mientras cenaba: beber 3 vasos de Coca-Cola… vamos, que acabé con más gases que una bombona de helio por lo menos.
Esa noche me di cuenta de que hay gente que aguanta menos que el pelo de un marica y se van a dormir, pero no sin antes nombrar al Mr. Hombre del Saco de dormir, y tanto dar por saco acabamos cantando la canción de que fulano cagó en el saco de dormir… más tarde descubrimos que en realidad tan solo se había tirado un pedo.
Llegan las 5 de la mañana y los más activos nos vemos coronando la cima de una de las pirámides de la playa, y después de clavarte en el pié cuarenta y pico conchas de su madre, volvemos los que quedamos al apartamento… pero aun sobra mucho tiempo y queremos marcha marcha, y es entonces cuando nos subimos a una mesa y empezamos a cantar y bailar la cancioncita de Paquito el chocolatero. Todo risas hasta que aparece el Sr. Potato en persona… lo llamo así porque era alérgico a los mosquitos y ya os podéis hacer una idea de cómo iba. Menos mal que no bebimos alcohol, ¿verdad?
Aun así, la noche de san Juan fue increíble, lo que me hace pensar que la crearon los padres para darnos una última alegría antes de recoger las notas… ¡LAS NOTAS! ¡Tenían que darlas el 27 de junio que cae en el día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y no el 25 que cae en San Guillermo!
Después de pasar la noche sin dormir, tienes una ventaja: puedes hacerles putadas a los que se quedaron durmiendo, como ponerles pasta de dientes en la mano y hacerle cosquillas en la nariz… pero también otra desventaja: llegas a clase con más ojeras que la chica de “The ring”. Llegas a clase, y en cuanto tus dedos rozan el papel de las notas el móvil comienza a sonar… la madre que me trajo al mundo en pelota picada, nunca mejor dicho. ¿Cómo lo hacen? Ganas tiempo diciéndole que aun no te las han dado, pero sabes que el tiempo de felicidad se te acaba poco a poco. Es entonces cuando comienza la peor pesadilla de todo estudiante. Paso a paso vas hacia tu casa pensando “un pequeño paso para mí, un gran paso atrás para la humanidad”, o haciéndote preguntas tipo: ¿Qué pondrán en mi epitafio? ¿En caja o para llevar?
Lo peor llega en cuanto te encuentras frente a la puerta de tu casa… sabes que ahí detrás algo se está cocinando y no sabes qué hacer, si entrar o huir más rápido que Mortadelo y Filemón del Súper. Eso sí, tu madre está al acecho… sabe en todo momento que estás ahí, y por eso abre la puerta y te invita a entrar en casa cogiéndote amablemente del pescuezo. No se si se harán daño al cogernos de ahí, porque en ese momento los pelos del cogote se nos erizan más que las espinas de Espinete.
Al entregar las notas pasamos 3 fases terroríficas: entrar a casa, esperar a que venga tu padre y esperar la bronca… aunque hay casos que preferirías la bronca. Por ejemplo, la técnica más común de acojono de mi padre es no decirme nada, pero mirarme con una mirada vengativa.
He estado pensando y creo que todos los padres habrán sido de nuestra edad alguna vez… ¿habrán pasado ellos por lo mismo y ahora se están desahogando, o simplemente es tradición familiar? Por la regla de tres del padre, del hijo y des espíritu santo, preguntémosle a él nuestras dudas. Amén.

Son la monda tuus monologoos =)
ResponderEliminarespero que triunfes en todo y maaS dE verdaD!!
El que me echaba la bronca era mi padre cuando dejaba sólo las FUCK mates xD ¿por qué? Porque siendo estudiante era el mejor y un año cateó ¬¬ y ahí sí que hubo bronca con su padre.
ResponderEliminarPues fíjate que aquí San Juan ha sido una fucking mierda xD porque en vez de traerse a grupos chulos no ponen a La Oreja de Van Gogh ¬¬ ¡qué flipación!
Total, que para mí San Juan duró 4 días, los 4 días antes que me pasé con unas compis.
xD Y las notas... ¡bendita sea la universidad que te las ponen en Internet! Jajajaja Y como la clave sólo la tengo yo (tururururu).
Ya echaba de menos tus monólogos ;)
Xau xau!